Thursday, June 21, 2007

Perro caliente

Huesos era un perro caliente. Sí, literalmente, un can horny, califa, cabeza de guatero... pierna que veía, se lanzaba al ataque. Sin brutalidad, pero con precisión. Al grano. A la pierna.
Así un buen día, Huesos y yo nos conocimos.
Se trataba un perro mestizo de tamaño mediano que sin siquiera preguntar mi nombre se enamoró de mi pierna. Era obvio que no era la primera vez que se acercaba a un buen pernil humano (femenino, específicamente) porque se notaba su expertise. Nos miró -a la pierna, MI pierna, y a mí- y sin delicadeza de por medio se colgó de ella.
Como no era nada de tonto y yo bien expresiva en mi rechazo, aprendió rápido que ni a ella ni a mí nos gustaban sus muestras de erótico cariño animal. Lo demás fue puro amor. Su pelo café, corto y suave, la máscara blanca de su rostro oriental. Sus ojitos café claro.

Estuvimos poco tiempo juntos. No pude despedirme de él cuando supe que ya tenía una familia que lo había adoptado. Pero estaba feliz. Por fin cuidarían de él como se lo merecía.

Sólo tuve unos minutos -de esos que hacen presión por meterse en tu agenda y te obligan a interrumpir planes- para llorar su partida cuando, al día siguiente de su adopción, supimos que había sido atropellado.

Huesitos fue incinerado. Huesitos ya no sufría. Huesitos estaba en paz, Huesitos...

Qué va! Huesos estaba muerto y todos los esfuerzos hechos por la veintena de voluntarios había sido en vano.

Lo recuerdo siempre cada vez que voy al refugio y miro su canil hoy ocupado por Diana y Chascona.
Sé que a veces tuvo frío y algo de hambre... pero siempre hubo alguien, todos los días, cuidándolo y acariciándolo.

Huesos murió hace casi un mes.
Y recién ahora puedo escribirle.

1 comments:

Bárbara said...

Ánimo. Los animales con su carácter, sus gracias y travesuras nos alegran la vida.
Creo que la primera rebeldía seria que tuve contra la religión fue en kinder, cuando mi profesora me dijo que los animales tenían alma mortal, que se moría junto con ellos. "Es mentira!" le grité. Me pasé todo el recreo castigada, pero no me importó.
Un abrazo y una caricia para Huesos.