La pauta de animalis-familiaris fue modificada esta semana y tanto el especial sobre maltrato animal así como la actualización de la Radio-Animal con las peticiones musicales de todos ustedes, tendrán que esperar.
¿QUIÉN NO VIO ALGUNA VEZ EL PROGRAMA DE STEVE IRWIN?
Nunca tuve televisión por cable pero las aventuras de Steve Irwin llegaron a mí, inevitablemente. Una fría noche de septiembre del 2003, cuando mi perra salchicha estaba a punto de parir. Sin ser ésta una imagen muy romántica para nuestro primer encuentro, hoy me parece de lo más adecuada. Nerviosa con la espera, encendí la tele y me quedé pegada con un tipo montado sobre ballenas, alimentando koalas, corriendo con cocodrilos. ¿Quién podía estar tan desquiciado? No sabía pero envidié la libertad para vivir su pasión sin límites. Literalmente, pues esa misma pasión y libertad le costaron la vida. Así es. Steve Irwin falleció. Simple y crudo. Como todas las muertes, por lo demás. Sin embargo, me fue imposible ser indiferente al que -secretamente- fue mi gurú-animal. Aunque mis hazañas al "estilo de Steve" hayan sido alimentar a un ternerito, tratar de salvar a una lagartija multicolor de los colmillos de mi mascota y que el ciervo rojo del Zoológico de Santiago se haya enamorado de mí. Pero Steve me habría felicitado. Estoy segura.
El naturalista y documentalista australiano de 44 años creó y condujo desde 1992 el programa de Animal Planet, "El Cazador de Cocodrilos". Y hoy murió cuando nadaba junto a una mantarraya. Todo ocurrió cuando "se puso encima de la raya venenosa y la púa de ésta le atravesó el pecho y le hizo un agujero en el corazón", dijo John Stainton, productor del programa y mejor amigo de Irwin. Lamentable, pues se explicó que es muy poco común que estos accidentes se produzcan y menos aún que maten a una persona. Por esto, Shaun Collin, experto de la Universidad de Queensland, opina que el animal debió haber atacado directamente hacia el corazón. Cuando recibió la atención médica necesaria, ya había fallecido.
Las emisiones de "Crocodile Hunter" mostraban la fauna de los lugares que visitaba Irwin y su esposa Terri. Y, a puertas cerradas, se dedicaron a la preservación de animales autóctonos de su isla de origen, Australia, por medio de la creación de una fundación, la “Wildlife Warriors Worldwide”. Así vivió, apasionado y, como pocos pueden jactarse, haciendo lo que realmente amaba. Sin embargo, no todo fue siempre tranquilo para Irwin. En enero del 2004 fue duramente cuestionado por la opinión pública alrededor del mundo debido a su atrevido acto frente a un cocodrilo. Alimentó al feroz animal mientras sostenía en brazos a su hijo de un mes. Y en junio del mismo año enfrentó un juicio y salió triunfante luego de ser acusado de alterar la vida animal al jugar con ballenas y pingüinos durante la filmación de un documental en la Antártica.
El mundo de los amantes de los animales está hoy conmocionado con esta partida. Es posible que no todos estuvieran de acuerdo con la forma en que Steve Irwin se relacionó con los animales pero nadie puede negar el aporte que este hombre hizo para la protección de la fauna, como también por su lucha en pro del conocimiento y respeto hacia ella que millones de espectadores del mundo pudimos ver a través de la pantalla.
Adiós, Steve. Buen viaje.
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